El tigre sigue con hambre, ¿qué hará Sánchez?

Publicado: 15/01/2020
Autor

Manuel Pimentel

El autor del blog, Manuel Pimentel, es editor y escritor. Ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales

La Taberna de los Sabios

En tiempos de vértigo, los sabios de la taberna apuran su copa porque saben que pese a todo, merece la pena vivir

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Sánchez ha demostrado su talento para llegar a ser presidente de gobierno. Ahora le toca demostrar que también lo posee para gobernar
Sánchez ya tiene gobierno. La osadía de su moción de censura fue premiada con un gobierno interino que terminó convocando unas elecciones que esperó ganar con más holgura de la que los votos finalmente le concedieron. Esa debilidad le forzó a tratar con grupos dispersos hasta lograr amarrar una mayoría suficiente para su investidura. Se trata, pues, de un gobierno legítimo y democrático, por más que la propia composición de sus apoyos nos produzca una honda inquietud. Como ya dijo una portavoz independentista, la gobernabilidad de España le importa un comino e irán a lo que irán, que es el conseguir la independencia sin tener que pasar por el trámite constitucional de la consulta al conjunto del pueblo español. Para unos, el apoyo de los independentistas es señal de su moderación y atemperamiento, mientras que para otros es como tratar de saciar y contentar para siempre a un tigre feroz con un filete cortito. Visto lo visto, se trata de un matrimonio imposible en el que los hoy recién casados terminarán tirándose los trastos a la cabeza… del conjunto de los españoles.

Pero más allá de los riesgos de su logro, debemos reconocerle al presidente su osadía, tenacidad y ambición. Nadie hubiera apostado ni un céntimo por él hace apenas tres años y, ahora, ahí lo vemos, con el BOE en la mano y con la Fiscalía General del Estado a sus pies. ¿Cómo ha sido posible lo imposible? ¿Cómo ha logrado unir, pegar, remendar, partidos irreconciliables a los que previamente había insultado, vejado y despreciado? Del no podría dormir en paz, pensando en un Iglesias en el gobierno a hacerlo vicepresidente; de comparar a Torra con los nazis, a luchar por salvarlo de las garras de la justicia. Todo un fenómeno de la adaptación y el relativismo, vamos, atributos necesarios en política, que abren puertas a corto, pero que terminan cerrándose a largo plazo bajo el cerrojo oxidado de la contradicción y la paradoja. Pero Sánchez, político de pura raza y más inteligente de lo que mucho piensan, va paso a paso. Primero, conseguir el gobierno, que, después, ya veremos lo qué hacer. La política, desde el Pleistoceno medio, también conlleva, necesariamente, aquello tan desahogado de lo que hoy digo, mañana no hago.

¿Cómo ha conseguido su mayoría? Pues Sánchez, o Iván Redondo, que para algunos – equivocados - tanto monta como monta tanto, lo ha conseguido porque conoce la fórmula magistral del voto hispano, el motor de la decisión electoral de Juan Español, de Juana Española. ¿Y cuál es esa fórmula mágica? Pues – y la frase es de Borges – porque sabe que no nos une el amor sino el espanto. Los españoles practicamos el retrovoto, esto es, no votamos a quién amamos, sino contra quién odiamos. Porque lo sabía, ha manejado a la perfección el espantajo del miedo a la derecha para conseguir cobijar bajo sus alas a quienes no tiene otra cosa en común que el odiarla o temerla. Y esta ley fundamental es de general cumplimiento. Cuando el gobierno de la izquierda se desgaste, la derecha sólo logrará ganar si dosifica a su favor el espanto a la izquierda galopante, que así somos y así seguiremos siendo, sino congénito y ancestral.

Sánchez ha demostrado su talento para llegar a ser presidente de gobierno. Ahora le toca demostrar que también lo posee para gobernar, para gobernar bien para el conjunto de los españoles. No lo tiene fácil, desde luego. El tigre ya terminó el filete y tiene hambre de nuevo...

 

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