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Jueves 26/01/2023  

El cementerio de los ingleses

"Me tienen manía"

Aún ignorando las cifras de asistentes, deduzco a tenor de las imágenes que ahí había más de «34 médicos», como cifraba Ayuso el problema de la sanidad

Publicado: 14/11/2022 ·
15:36
· Actualizado: 14/11/2022 · 15:36
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Autor

John Sullivan

John Sullivan es escritor, nacido en San Fernando. Debuta en 2021 con su primer libro, ‘Nombres de Mujer’

El cementerio de los ingleses

El autor mira a la realidad de frente para comprenderla y proponer un debate moderado

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Hoy tenía previsto hablar de la entrevista que tuve el jueves con Antonio Atienza sobre mi obra literaria, de la presentación que llevaré a cabo el próximo 15 de diciembre en el Centro de Congresos de San Fernando y de mi próximo libro, que saldrá en enero. Sin embargo, la actualidad tiene sus rigores y están pasando muchas cosas que, sin ironía alguna, son mucho más relevantes que la trayectoria de un escritor novel. Así, toca dejar el autobombo para otro momento y centrarnos en lo importante.

Ayer, como ya ustedes saben, tuvo lugar en Madrid una manifestación multitudinaria en defensa de la Sanidad Pública y contra el caos sanitario que se vive en Madrid. No he mirado las cifras oficiales de asistentes, ya que siempre pasa lo mimo cuando se dan movilizaciones de este calado: al final, se entra en un baile de cifras entre la organización y la administración que busca arrimar el ascua a la sardina de cada cual y celebrar un éxito propio o un fracaso ajeno según la ocasión y la perspectiva. Sí he visto imágenes y vídeos que muestran unas calles abarrotadas de gente defendiendo su derecho a ser atendidos de una forma decente: si un médico tiene que atender a 80 pacientes en un día con un margen de tres minutos cada uno, es probable que la atención no sea la adecuada. Para que nos entendamos, hasta el mejor galeno confundiría una hernia de hiato con un cáncer de estómago si apenas tiene tiempo para auscultar y prescribir las pruebas oportunas.

Aún ignorando las cifras de asistentes, deduzco a tenor de las imágenes que ahí había más de «34 médicos», como cifraba Ayuso el problema de la sanidad que ella gestiona. Tampoco parece que la afluencia de manifestantes se redujera a los componentes de algún «sindicato de extrema izquierda», como también ha dicho alguna vez para justificar que se produzca una manifestación pese a que ella afirme que la sanidad en su Comunidad es la mejor de España. Y es que la situación de los médicos en la Comunidad de Madrid y, por extensión, de todo el personal sanitario es dantesca. En el momento en que el planning se les manda en un email de madrugada, no respetando su descanso ni la sentencia que autoriza a un trabajador a no atender el correo corporativo fuera del horario laboral, las prácticas de la Consejería de Sanidad madrileña son, cuando menos, de dudosa legalidad. Si, además, se pretende cubrir el personal del Zendal y de los centros sanitarios sin contratar más personal, directamente se está tratando de imponer un sistema prácticamente esclavista que insulta a la ética y al sentido común.

Cuando, además, el problema es de inversión pese a que Ayuso se está dedicando a las mismas rebajas fiscales que en Reino Unido se han cargado a la Primera Ministra y han puesto el país al borde del abismo, ya entramos en el terreno de la desvergüenza. Y es que, donde la patrona de las cañas y las terrazas «a la madrileña» pretende que nos traguemos que el problema es un boicot de los sanitarios, resulta que ella está tratando de boicotear la Sanidad Pública y hasta al Gobierno central, al que acusará de no darle unos fondos que ha pedido pero que se ha negado a recaudar con su estrategia de dumping fiscal.

Al final, los «constitucionalistas» del PP vuelven a pasarse la Constitución por la Puerta de Alcalá (más española y castiza que el Arco del Triunfo). A nivel estatal, poniendo cualquier excusa para no renovar el Poder Judicial. A nivel sanitario, en Madrid, Galicia y Andalucía, atentando contra el derecho a la salud y a la Sanidad Pública de calidad. Y ya, de la progresividad fiscal que también recoge la Carta Magna ni hablamos. A fin de cuentas, ya se ha encargado la presidenta de Tabarnia de vendernos el pago de impuestos como un robo, la privatización como «colaboración público-privada» y hasta el tomarse una cerveza como promesa electoral. Ahora, ya no es que esté escapando como puede de responder por lo que pasó en las residencias o que grite «libertad» para esquivar cualquier polémica: es que ahora los médicos en huelga, los manifestantes y gestionar Madrid decentemente es «comunismo». Que los ciudadanos, reclamando lo que es suyo, no están protestando por el caos que vive el Madrid de Ayuso, sino que la están boicoteando. Al final, la excusa será la que usaba yo con mi madre cuando sacaba algún suspenso: «es que me tienen manía». Y lo peor es que, encima, le funcionará.

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